18 de marzo de 2011

¿Y donde están los caballeros?

Hey!, dije CABALLEROS.
Desde pequeña soñaba con encontrar al tan buscado “Príncipe azul”. Sí, me gustaba leer esas historias rosas con final feliz, pero al final terminé odiando a Barbie y a todo su escuadrón: Blancanieves, Cenicienta, Ariel, Jazmine, etc; porque creía que se habían quedado con los únicos principies que existieron… Y lo peor aún, príncipes que solo existieron en la fantasía, pues en mi camino solo hallé a unos simples mortales, algunos sapos disfrazados de príncipes y a un príncipe que se convirtió en sapo que ni con mil besos logró ser de nuevo un príncipe.




Es que ahora, en pleno siglo 21, donde la modernidad lo hizo todo más fácil y simple, nos obliga a resignarnos a la idea de no encontrar a aquel caballero de nobles sentimientos y conformarnos con el chico lindo de modales “liberales” que nos ofrecen, implícitamente, una relación casi como los medios tecnológicos modernos de hoy en día: fácil, rápida y entretenida. Y vaya que nosotras esperamos encontrar a aquel hombre con un toque clásico de romanticismo que nos enamore con millones de detalles y que haga de nuestras vidas un cuento de hadas en donde nosotras seamos las únicas bellas princesas del reino y de su vida. Pero a cambio, lo único que vemos en nuestro panorama es a pequeños monstruos que huyen de esas cosas a las cuales despiadadamente llaman “cursilerías”. Pero es tan raro el asunto, que me pregunto una y otra vez ¿Porque si eso es lo que buscamos la mayoría de nosotras en un chico, estos se están extinguiendo? ¿Será que aquí la oferta y demanda no existe? ¿O será que realmente ya nos resignamos a no encontrarlos y nos hemos adaptado a lo que hay? O en el peor de los casos ¿Nuestros gustos han cambiado?

Pero, indagando un poco más en la última pregunta ¿Cómo es posible que nos haya dejado de gustar los verdaderos caballeros? A caso no es lindo que nuestro príncipe nos trate como las damas que somos, que nos acoja en sus brazos cuando estemos deprimidas, que nos comprenda y levante el ánimo con palabras dulces llenas de amor, que no nos deje nunca solas porque siempre hay brujas con manzanas engatusadoras que no precisamente son para nosotras. Ahora cambiaré la pregunta a esta otra: ¿El problema en fondo somos nosotras o ellos?

¿Qué nos ha pasado?

Pero si de caballeros estamos hablando, definitivamente, es mucho más difícil encontrarlos en Perú! Donde la mayoría cree que ser el más rudo o el que más damiselas ha tenido es el mejor. Ah pero eso sí, específicamente el lugar donde menos o donde no hay caballeros es en el BUS. Y si no me creen solo fíjense cada vez que viajen y respondan: ¿Cuántos hombres ofrecen su asiento a una dama que recién acaba de subir al bus? ¿Cuántas chicas están paradas y cuántos están sentados? A las justas les ofrecen el asiento a las personas de mayor edad y si es que algunos no se hacen de la vista goda o fingen estar dormidos.


Yo sé que nuestros tiempos han cambiado y ahora hay “igualdad de géneros” que indica que todos debemos tratarnos y ser tratados de igual manera, pero eso no quiere decir que se tenga que perder las buenas costumbres y modales. Que no se pierda esa caballerosidad que hace ver a un hombre distinto a los demás y que dice mucho de su manera de ser. Y nosotras, ya no busquemos más a nuestro príncipe azul, este aparecerá si es que nosotras nos lo merecemos. Recuerden que sólo una dama merece a un caballero y un verdadero caballero se comporta como tal ante cualquier dama.

Yo, por lo pronto, estoy segura que ya lo encontré y soy muy feliz con él.

Has la diferencia y sé un caballero!

4 de marzo de 2011

Ya nada será como antes

Todos tenemos amigos, ya sean pocos o muchos, pero los verdaderos amigos son menos que pocos. Si tenemos suerte son dos pero comúnmente es sólo uno. Esa persona única que nos conoce desde siempre a la cual le confiamos todo y siempre está allí para ayudarnos cuando se lo pidamos y a veces cuando no se lo pidamos. La amistad que tienes con esa persona es muy fuerte y larga que piensas que nunca se va a romper… Pero yo creo que esa amistad tiene una similitud con el amor, es incondicional pero si no la cuidas y valoras puede quebrantarse tal vez no romper pero ya no será la misma. Me resulta difícil creer que algo así puede estar pasándome y es un sentimiento muy duro que me hace querer retroceder el tiempo. Yo no soy una persona que tiene muchos amigos, soy sociable pero es difícil que una persona pase de la categoría "conocidos" a "muy conocidos" para ser considerados finalmente como mis "amigos".


A veces nos confiamos demasiado y creemos que nuestra amistad nunca va a terminar y siempre será la misma, que nuestr@ mej@r amig@ siempre estará allí, para ti, pase lo que pase, y siempre te esperará cuando tu estés ocupad@ en tus asuntos. Lamentablemente eso me paso a mí… Por mal entendidos de la vida decidí apartarme de ella y sin nada más que decirle lo hice. Pasó el tiempo y al hablar me di cuenta de los tantos errores que cometí que no pensé que afectarían tanto nuestra amistad. La falta de tiempo que tenía para ella fue uno de los reproches que me hizo y el que más me dolió. Ella tenía razón, si antes de empezar la universidad tenía poco tiempo pues al empezarla ya casi no lo tenía. En mi vida sólo había espacio para ir a la universidad, estudiar, trabajos, familia, mi enamorado y, en el último lugar, amigos: mi mejor amiga. Grave error: tengo que entender que siempre hay tiempo para todo y si priorizar no funciona pues el método de rotación sí.

Cuando por fin aclaramos las cosas y aparentemente vino la reconciliación, como en cualquier conflicto en cualquier tipo de relación, quise cambiar y enmendar mis actos: "Reconozco mis errores y ahora no los volveré a cometer" - reflexioné. Pero para mi desgracia creo que es tarde, la reconciliación no necesariamente tenía que significar que todo iba a ser igual que antes, todo es un proceso y eso yo ya lo había experimentado antes pero no pensé que también sucedería en esta caso amical. Ahora ella tiene otra amiga a la cual confía sus cosas, comparte más tiempo y al parecer quiere más que a mí. Es justo, me lo merecía, ella le dio más tiempo e interés a la amistad que tiene con mi "mejor" amiga. No valoré su amistad, y ahora me queda sólo resignarme a la idea que ya nada será como antes y que tal vez ella ya no será más mi mejor amiga. Pero al menos tomaré de consuelo el recuerdo de las cosas que pasamos y la experiencia de haber tenido una amiga tan comprensiva y protectora a la cual yo quería demasiado casi como una hermana y madre al mismo tiempo. Qué triste mi historia...